joaquin sabina

El artista habló con LA NACION de su presente, sus canciones y su compañero Serrat con el que realizará una gira en el 2007

Sabina camina lento con sus atados de cigarros en la mano y su sombrero de ala ancha, acechante como un cazador furtivo de elefantes blancos o uno de esos españoles que buscan jineteras en Cuba. Da un par de rodeos a la cama de la habitación 111. En esa escenografía artificial, kitsch y glamorosa de un hotel que parece de Las Vegas el personaje Sabina se mueve con cierta ambigüedad, entre la excentricidad y la familiaridad.

Está en la ruta desde hace 180 conciertos y en una gira todos los hoteles son iguales. En este respiro porteño, antes de sus recitales de mañana y pasado mañana en el estadio de Boca Juniors (para los que aún quedan algunas entradas) lo único que le interesa es compartir un par de cervezas y conversar un rato.

Pensaste que se iba a generar este fenómeno Sabina…

- Cada año que venía yo notaba que había más complicidad y más gente en mis conciertos. Pero hace cinco años hubo un salto grande cuando tuve que hacer doce funciones en el teatro Gran Rex y ahora vino este salto más grande aún que es hacer la Bombonera. Para mí este último salto tiene más que ver con ese morbo de nuestros países, de que estaba enfermo y pensaban que no iba a cantar más. Ese tipo de cosas que surgen de: «o vamos al entierro o vamos a verlo».


Joaquín tiene la cara como un boxeador al otro día de una pelea dura. Sorteó un ataque cerebrovascular, una fobia a los escenarios y una depresión que lo mantuvo inactivo. Salió a flote con las nuevas canciones de Alivio de luto, su última producción. Las canciones, dice, lo han salvado varias veces. Canciones de Bob Dylan, Leonard Cohen y hasta de su colega Joan Manuel Serrat le hicieron mejor a su vida y por eso es una suerte de apóstol de la canción popular.

“Yo creo en la poesía popular en el más noble de los términos -dice con su tono cavernoso-. Por ejemplo, respeto muchísimo a Spinetta, pero me parece que lo que cuentas debe ser compartido y servir para que alguien llore sobre esa canción o para que alguien se reconcilie con su novia, para consolar o para quitar un gramo de soledad. Las canciones deben contar la historia de la gente, no sólo la tuya.”

En el desierto

Cuando le preguntan sobre su estado de salud dice que ya pasó la travesía del desierto. Hace cinco años que no prueba una línea de cocaína. La última vez fue en Marrakech, pero estaba tan atontado y perdido que dejó el vicio sin más. Eso sí, el alcohol, los cigarros y las mujeres son su metadona más fuerte. “Creo que para los médicos no soy un buen ejemplo porque decidí dejar la droga de un día para el otro sin tanta historia, ni grupos de autoayuda, ni nada”, afirma Sabina. Dice que está en muy buen estado físico y que prepara sus conciertos de Boca con una actitud de monje zen. “He decidido que el único modo de salir a tocar en Boca es como si fuera a salir a tocar en un bar porque si no voy a parecer un deportista preparándose para los mundiales. Voy a cantar las nuevas y las que quieren todos.”

- ¿Te da fobia la intensidad de los fans?

A mí me gusta la complicidad pero no el fanatismo. No me gustan los que vienen corriendo o llorando. No se puede tener una conversación así con alguien y a mí me gusta conversar.

- ¿Cómo haces para que esa histeria no afecte tu trabajo?

Yo afortunadamente cuando pienso en una canción o en un disco estoy a años luz de pensar en un escenario o en un estadio. Pienso sólo en la canción. Pero sí es verdad que cuando tienes un público apasionado, seguro y numeroso, pierdes un poquito del riesgo. Sobre todo cuando vas a elegir un tema para cantar. Pero la gente que paga la entrada también tiene su derecho de oír lo que quiere oír.

Todos los días apunta en su libreta bosquejos de canciones que verán la luz con el tiempo. Casi es lo único que le interesa, además de leer poesía, coleccionar libros de viejo y escuchar sus discos de siempre. “Oigo poca música. No estoy al día respecto a lo último que sucede. Soy de los que oyen los mismos hermosos y viejos discos. No me preocupo por los sonidos nuevos si se llama trip hop, o la puta que lo parió!”

Lo que lo tiene entusiasmado es la posible aventura musical que realizará junto a Serrat. Ya se imagina el encuentro. “Somos muy amigos. Tenemos esa cosa de socios y cómplices, pero siempre ha sido más para la charla o las copas, pero no para la música. Yo le tengo mucho miedo y respeto, y me voy a poner a sus órdenes. Creo que él también le tiene miedo a mi modo más caótico de ser. Estamos los dos ahí estudiándonos como antes del primer asalto.

- ¿Qué te pasó cuando supiste lo de la enfermedad de Serrat?

Mira, somos gente de cincuenta y pico y sesenta años. Si llegáis a esa edad veréis que toda la gente de esa edad que hemos llevado esta vida empieza a tener goteras por todos lados. Es una cosa de la biología. Así que simplemente nos empezó a llegar. Ahora te digo una cosa: Serrat, un día antes de la operación que fue tremenda, estaba cantando. Y tres días después de operarse también estaba cantando. Recuerdo que yo estaba mal y me llamó diciéndome que era un mariquitas porque no subía a cantar (risas).

- ¿Dijiste hace poco que te gustaría tener tu “Mediterráneo”?

Creo que “Mediterráneo” es una canción bandera de nuestra generación porque describe toda la cuna de nuestra cultura y la vuestra también. El tipo dio con una joya tan redonda….Yo a lo mejor tengo cuatro o cinco que creo que representan mucho pero no tengo esa canción. A mí las que más me gustan son las más impopulares, como “Contigo”, “Noches de ronda”, “Nos dieron las diez”, y aquí, “Con La frente marchita”.

- Sin embargo, la gente adoptó muchas de tus canciones como himnos propios.

Bueno creo que porque tampoco soy un bicho tan raro y porque me han pasado las mismas cosas que a un montón de gente. ¡Caramba!, parece que cuando cuento la historia de una prostituta los chicos que están en mis conciertos con sus novias miran a otro lado diciendo: “que cosas hace este muchacho!!!! Da ganas de gritarles: «Oye tío que te vi anoche».

- ¿Conseguiste componer la canción que querías?

Todavía creo que no conseguí hacer la canción más hermosa del mundo. Creo que por ahí tengo un par de cosas muy hermosas, pero creo que todavía no tengo esa canción que resuma todo, que sea insustituible, que mejore el mundo, que no se pueda seguir viviendo sin ella.

Gabriel Plaza

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