joaquin sabina, benjamin prado“Romper una canción”, su libro. ¿Tiene sentido escribir 224 páginas sobre cómo se compuso un disco?
Sí, es un taller literario de cómo se escribe una canción. La respuesta: afrontándola como si fuera un poema. Joaquín es un escritor. Sabe pelearse a muerte por cada palabra. Quedarse con la sensación al final de la batalla, como decía Paul Valéry, de que has conseguido las mejores palabras en el mejor orden. Una canción te tiene que golpear, te tiene que ganar por cao técnico. Un poema es mejor que te gane a los puntos. En “Romper una canción” se ve cómo las letras tienen cinco o seis versiones distintas. Para seguir siendo Sabina, Joaquín tiene que trabajar muchísimo.

¿Muchas situaciones kafkianas en esta aventura a dos?
Muchísimas, sobre todo nos hemos matado a reír, bebido más de la cuenta y acostado a horas intempestivas. La vida es más larga para los trasnochadores. A nosotros es dificilísimo acostarnos. Paseábamos por Praga; tomábamos notas; yo solía sacar a Joaquín a las 12 de la mañana de la habitación del hotel, por lo civil o por lo militar. Frecuentábamos cafeterías como la Saboya, y nos poníamos en serio a eso de las siete de la tarde hasta la una, las dos o las seis de la madrugada… Hemos buscado poemas donde estuvieran: en una biblioteca, un tugurio, un puticlub, en un antro de cualquier ciudad…

Además de Praga, compusieron en Rota, Madrid, Tenerife… ¿No era un disco nacido del desamor y la tristeza? Los lugares de fondo dicen lo contrario, ¿no?
Mira, a todo hay que buscarle un escenario. Joaquín me dio a elegir: Praga, Lisboa, Nueva York… Elegí Praga. Yo ya
la conocía, él no. Esa ciudad, su melancolía y su vitalidad, está en el disco entero. Es un álbum melancólico, de desamor, pero también muy bailable, de estribillos, de dar palmas y corear. Habría sido distinto de habernos ido a La Habana.

Asegura Joaquín que es su última gran gira.
Yo no me creo nada que no haya visto, como no tengo religión ni fe de ninguna clase…

Entrevista a Benjamín Prado en El Ideal de Granada, como siempre interesantísima para comprender los detalles de Vinagre y Rosas y el día a día de Joaquín Sabina.

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