Yo era, como diría Borges de Hemingway, un mal escritor. No era el destino si quiera aun, cuando recibí un regalo de ilusión para mi ceguera ( mi Pat Naîpaul) pero mi idealismo y mi oscuridad no osaron tomar dicho regalo. Ahora, varios años después, cuando ya no tengo ganas de vivir y solo pienso en marcharme para el otro barrio, con Marta del Castillo comprendo mi grave error.