Joaquín Sabina: “Estos cuatro años de espera han valido la pena”
“Llegué hasta los cincuenta y pocos con esta especie de juventud prolongada hasta el extremo y luego levanté el pie del acelerador porque no quería ser un cantante muerto. La vida ahora no es tan nocturna, ni tan intensa, ni tan alcohólica, ni tan adictiva, pero disfruto de placeres como irme de gira durante un año y enfrentarse a muchos públicos, algunas fiestas después de los conciertos y visitar amigos.
Tiramisú de limón es algo algo imposible, como también lo es Vinagre y Rosas. Pero son las cosas que me gustan a mí, entre lo dulce y lo amargo. Viudita de Clicquot es una una prolongación de A mis cuarenta y diez.
Las utopías pertenecen al terreno de los sueños, y no me desprendo de ellos. Con los años lo que ocurre es que dejan de darse golpes contra la pared.
Mi vida transcurre por un momento de razonable felicidad doméstica. Eso no es un estado apropiado para el tipo de canciones que escribo, por eso tuve que viajaar, para buscar inspiración. Me aproveché de un amigo mío, Benjamín Prado, que estaba en una crisis. Nos fuimos a Praga, y de esta forma salió el núcleo de las canciones que más me gustan. Hicimos ese viaje porque él estaba saliendo de un desamor y aproveché de verlo tan desvalido para robarle la inspiración. Creo que por eso me ha salido un disco de desamor, que por cierto siempre son las canciones de amor más tristes. Pero también me he preocupado de abrir las ventanas y dejar que entre un poco de aire.
No me declararía satisfecho con el resultado, no ocuparía esa palabra. Pero sí me atrevería a decir que estas canciones no me avergüenzan nada, que siento que estos cuatro años de espera han valido la pena”
Joaquín Sabina
Joaquín Sabina ha comenzado a conceder entrevistas enmarcadas en la promoción del disco Vinagre y Rosas que como bien sabemos sale el próximo 17 de noviembre a la venta. Da gusto volver a leerle, en este caso en El Universal, de sus entrevistas también sacamos inspiración para la vida diaria.

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“Llegué hasta los cincuenta y pocos con esta especie de juventud prolongada hasta el extremo y luego levanté el pie del acelerador porque no quería ser un cantante muerto. La vida ahora no es tan nocturna, ni tan intensa, ni tan alcohólica, ni tan adictiva, pero disfruto de placeres como irme de gira durante un año y enfrentarse a muchos públicos, algunas fiestas después de los conciertos y visitar amigos.
“Un día, a principios de este año 2009, Joaquín Sabina y Benjamín Prado decidieron irse a Praga a escribir canciones y siete meses después habían acabado el disco Vinagre y rosas. Este libro cuenta esa aventura que fue puro rocanroll, llena de versos y versos tachados, chicas que vienen y que se van, viajes, música, alcohol, risas y, sobre todo, lleno de una amistad sin fronteras ni direcciones prohibidas. Y también nos deja ver los talleres de cada canción y nos hipnotiza haciéndonos mirar las vueltas que dieron todas ellas antes de quedar acabadas. Benjamín Prado rememora en Romper una canción la intensidad de aquellos meses de trabajo en los que Sabina y él pelearon a muerte por cada palabra y llegaron a lograr una combustión, y una simbiosis que hoy día ninguno de ellos sabe quién escribió qué, porque no hay una coma sin negociar en todo el disco. Así se escribió Vinagre y Rosas”
Rubén “Joaquín es el grande de la canción española, el gran letrista. Hemos tenido una gran relación con él y todo fue bueno en el estudio: lo relajado de su forma de trabajar, verle terminar las letras, sentado aparte con el cuaderno entre las rodillas. Como si ves a Keith Richards afinar una Telecaster de cinco cuerdas. Una imagen muy fuerte para nosotros, algo increíble”
“Como adelanto, llega el primer single Tiramisú de limón, una canción con letra de Joaquín Sabina y música de Pereza, que también la ha producido y la ha tocado. Leiva se ha hecho cargo de la batería, bajo, guitarras acústicas y eléctricas, pandereta y coros. Rubén de la guitarra eléctrica y coros. Es la primera vez que Joaquín Sabina y Pereza trabajan juntos en un álbum del cantautor, una unión explosiva para una gran canción, de las que uno no se saca de la cabeza. una canción en medio tiempo que comienza con cierto aire porteño y después aparece bañada por el rock, con un sonido compacto y potente, enriquecida con el acordeón de César Pop y unos coros en los que aparecen Joan Manuel Serrat, Guti, Pancho Varona y Antonio Gª de Diego”

















