Joaquín Sabina: “Estoy profundamente aburrido”

Entrevista a Joaquín Sabina en Clarín
¿Estabas agotado artísticamente?
Bueno, no se me ocurría una puta canción. Yo no sé hacer canciones porque sí, no trabajo. Las canciones vienen por inspiración. Y descubrí que no salía ninguna. Decidí aprovecharme de un amigo muy íntimo como es Benjamín: lo acababa de dejar su novia y estaba muy mal. Nos fuimos a Praga en plan de escribir a cuatro manos… Y en pocos días teníamos el núcleo duro del disco, siete u ocho canciones de absoluto desamor y absoluta rabia.
Es curioso. Siempre fuiste un cantautor que jugó con lo autobiográfico. Ahora tomás vidas prestadas…
Es que estoy profundamente aburrido. Mi vida actual no tiene demasiada noche, no hay adicciones. Vivo un período de razonable tranquilidad doméstica y eso seguramente conspira contra la capacidad de hacer canciones. Con Benjamín formamos una buena dupla… Es un loco, un obsesivo, un poeta rocker.
¿Por qué Praga?
Porque no me conoce nadie, porque es una ciudad recoleta, antigua y decadente.
¿No temías repetir con Prado la nefasta experiencia del disco en común con Fito Páez?
Más que experiencia nefasta… ¡la época fue nefasta! Con Fito ahora está todo bien pero fue difícil. Esa causa ya prescribió. En el caso de Benjamín… ¡el inmanejable es él!
A esta altura de tu carrera, ¿cuál es la necesidad de sacar discos si te sentís agotado artísticamente?
Creo que las giras… Esa es la necesidad. El cuerpo me pide carretera. Estoy más saludable -excepto cuando me tengo que enfrentar a la prensa- y el escenario se transformó en un lugar de excitación. Te diría además que no encuentro mejor excusa para ir a la Argentina y a México que las giras.
¿Maradona?
Siempre tendrá mi apoyo, él mismo lo dijo: no es gris… Los que se sorprenden… ¿qué esperaban de Diego?”
¿Te reflejaste en su caso?
Sí… Hay un momento en que es necesario levantar el pie del acelerador. Tengo muchos amigos muertos.
¿La gira con Serrat?
No podía hacerme el loco, tenía que portarme bien… Estaba tan asustado por defraudarlo que al final todo salió perfecto. Hemos quedado bien amigos. Hablamos todas las semanas.
¿Habrá una segunda parte?
Yo no sé si habrá una segunda parte. No fui el motor de la primera, ni lo seré si hay una segunda ocasión.
¿Piensas en la muerte, por la letra de Viudita de Clicquot?
A los cuarenta y diez naufragué en un Plus Ultra sin faro, Mi caballo volvió solo a casa, ¿qué fue de John Wayne?, Me pasé de la raya con tal de pasar por el aro, Con sesenta qué importa la talla de mis Calvin Klein”. No hay un día que no piense. Es terrible.
¿Sos feliz?
Una vez Rimbaud le preguntó eso mismo a un amigo. El amigo respondió que sí, que era feliz. Rimbaud le dijo: Oye… ¿cómo has podido caer tan bajo?
¿Entonces?
Pues no, no soy feliz… No al menos en los términos en los que se entiende la palabra felicidad.

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Es un disco muy sobre el desamor, que sería el vinagre. Las rosas serían las memorias del amor.
“Llegué hasta los cincuenta y pocos con esta especie de juventud prolongada hasta el extremo y luego levanté el pie del acelerador porque no quería ser un cantante muerto. La vida ahora no es tan nocturna, ni tan intensa, ni tan alcohólica, ni tan adictiva, pero disfruto de placeres como irme de gira durante un año y enfrentarse a muchos públicos, algunas fiestas después de los conciertos y visitar amigos.
“Un día, a principios de este año 2009, Joaquín Sabina y Benjamín Prado decidieron irse a Praga a escribir canciones y siete meses después habían acabado el disco Vinagre y rosas. Este libro cuenta esa aventura que fue puro rocanroll, llena de versos y versos tachados, chicas que vienen y que se van, viajes, música, alcohol, risas y, sobre todo, lleno de una amistad sin fronteras ni direcciones prohibidas. Y también nos deja ver los talleres de cada canción y nos hipnotiza haciéndonos mirar las vueltas que dieron todas ellas antes de quedar acabadas. Benjamín Prado rememora en Romper una canción la intensidad de aquellos meses de trabajo en los que Sabina y él pelearon a muerte por cada palabra y llegaron a lograr una combustión, y una simbiosis que hoy día ninguno de ellos sabe quién escribió qué, porque no hay una coma sin negociar en todo el disco. Así se escribió Vinagre y Rosas”



















