Entrevista en El Tiempo
¿Por qué Praga?
Porque no nos conocían.
Y mejor si va con ustedes la tristeza.
El desamor, la melancolía, la soledad. Todo eso ayuda a escribir. Lo que no ayuda es la felicidad doméstica. En gira la vida es otra cosa. Son cuartos de hotel, escenarios, bares, aviones. Eso rompe con cualquier monotonía casera.
¿Está de acuerdo en que Vinagre y Rosas es el disco más literario que ha hecho?
Bueno, Benjamín es poeta y yo aspiro a ser uno. Además acabo de cumplir 61 años y la palabra escrita me importa cada día más. Benjamín y yo mantuvimos una guerra amistosísima, a cuatro manos, para buscar la palabra precisa. Fue una batalla divertida entre los dos. El disco había quedado un poco tristón y crepuscular. Por eso llamé a los Pereza, un grupo español de rock and roll callejero que me gusta mucho, y les propuse que hiciéramos dos canciones.
También va a trabajar con Calle 13…
Sí, por ahí anda un proyecto para hacer cosas con ellos. La mayoría de los grupos de rap está haciendo cosas horribles. Un género que le da tanto protagonismo a la palabra lo está haciendo gente que no se ha leído un libro en su vida. Calle 13 me gusta y me divierte.
¿Le interesa hoy más la palabra que la música?
Siempre me ha interesado más. Nunca pensé ser cantante: no lo soñé, no lo ambicioné. Mi plan de vida, cuando tenía 16 o 17 años, era ser escritor. Al final, por azares, llegué al escenario. No soy un gran músico y no puedo competir con tantos grandes músicos que hay. Pero en la palabra cantada, en el género canción, sí puedo tener algo que decir.
¿Colombia?
Recuerdo las primeras veces que fui y, por una causa o por otra, no conseguía el público que tenía en otros lugares de América Latina, como Argentina. Por fortuna no me rendí. Seguí yendo. En el concierto con Serrat ya noté más gente. Sería porque creían que me iba a morir.
Pero usted prefiere que lo sigan pocos…
Yo me dirijo, como decía el poeta Jiménez, a la inmensa minoría, pero la inmensa minoría son muchos, ¿eh?
Después de su gira con Serrat, ¿cómo fue volver en solitario al escenario?
La gira con Serrat fue lo más parecido a la felicidad en el escenario que puedo recordar. Por eso cuando nos vemos fantaseamos con repetir. Volver a subirme solo a un escenario, te digo, fue muy difícil. Ya lo he superado, ya llevo más de treinta conciertos, pero en los primeros echaba de menos al maestro catalán.